"Apenas se puede creer que sean seres humanos" afirmó Charles Darwin. Desde que el autor de la Teoría de la Evolución describió a los nativos australes como semejantes a animales- los más abyectos y miserables que jamás vio- una sentencia trágica se dictó contra las etnias de la Patagonia. Los habitantes originarios de Tierra del Fuego, los Selk’nam, desaparecieron completamente en menos de 100 años. Al compartir su territorio con el hombre civilizado, el pueblo fue diezmado por enfermedades, por la imposición de hábitos foráneos o, literalmente, exterminado. Sus costumbres y creencias han quedado mudas. Si Occidente calificó a otros pueblos y culturas como "primitivos", hoy el conocimiento científico aporta antecedentes objetivos para cuestionar el pensamiento etnocentrista, utilizando los mismos parámetros de civilización con que fue sustentado. Nociones como técnica, nomadismo, desnudez, familia, hoy entran en conflicto, obligando a revisar siglos de observaciones y conceptos antropológicos. Arquería de Tierra del Fuego es una de las investigaciones que contribuye a la discusión, valiéndose de dos artefactos sencillos: arco y flecha. A través del modo en que se fabricaban, sus usos, las múltiples implicancias de su dominio, el autor va haciendo el trayecto de la organización social, de los modos de vida, de la cultura de una raza que ha dejado para la reflexión un objeto que debería ser rudimentario y, en cambio, intranquiliza por su sofisticación.
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